Cada 16 de abril se celebra el Día del Emprendimiento, una fecha que busca promover el espíritu emprendedor, impulsar la innovación y visibilizar el rol de quienes crean proyectos que generan valor económico y social. En Argentina, este fenómeno viene consolidándose en los últimos años: según el Global Entrepreneurship Monitor, el país se ubica entre los de mayor actividad emprendedora temprana de la región y presenta niveles de miedo al fracaso por debajo del 20%, uno de los más bajos a nivel mundial.
En este contexto, Jean Del Pino, cofundador y director de Guayerd, BDP Group y Commit, plantea una mirada que desafía una de las creencias más instaladas: que el principal obstáculo para emprender es la falta de financiamiento. “Un negocio no existe cuando tenés un producto, sino cuando alguien está dispuesto a pagar por él”, resume. A partir de su experiencia, comparte 6 claves fundamentales para quienes buscan emprender por primera vez:
- Validar antes de construir: Uno de los errores más comunes es invertir tiempo y recursos en desarrollar un producto sin haber comprobado si existe una demanda real. Validar implica salir al mercado desde el inicio, indagar sobre el problema que uno pretende resolver y entender al potencial cliente, para luego testear la propuesta y entender si resuelve el problema concreto y el potencial cliente está dispuesto a pagar por la solución. Este proceso no es una etapa previa: es el núcleo del emprendimiento.
- Asignar tiempo de calidad al desarrollo de esa iniciativa: no relegarla a momentos marginales de la agenda, sino generar espacios concretos de análisis, investigación y validación. Las iniciativas que prosperan suelen ser aquellas que se trabajan con la misma disciplina que cualquier responsabilidad corporativa.
- Empezar con lo que se tiene: El enfoque de “bootstrappear” -emprender sin inversión externa inicial- obliga a tomar decisiones más eficientes y a construir negocios sostenibles desde el primer día. Lejos de ser una desventaja, este camino permite un contacto más directo con el mercado, evita escalar modelos que todavía no están validados y construyen una cultura de eficiencia máxima.
- Ejecutar y aprender rápido: Emprender es un proceso de iteración constante: probar, fallar, ajustar y volver a intentar. La capacidad de ejecución y aprendizaje pesa más que la idea original. En ese recorrido, la velocidad para adaptarse se vuelve un diferencial clave. Hoy la IA permite crear MVPs (productos mínimos viables) de forma muy ágil y costo-eficiente.
- Apoyarse en la red de contactos: El network deja de ser sólo un activo profesional para convertirse en una herramienta concreta. Puede abrir oportunidades, facilitar validaciones y aportar una mirada externa en momentos de incertidumbre. Con el tiempo, esos mismos vínculos comienzan a abrir puertas de colaboración, alianzas comerciales o desarrollo conjunto de proyectos.
- Gestionar la incertidumbre: Más allá de lo técnico, emprender implica un desafío emocional. La falta de certezas, la presión y la necesidad de tomar decisiones con información limitada forman parte del proceso. Desarrollar resiliencia y un mindset de tolerancia al error resulta tan importante como cualquier habilidad de negocio.
En un contexto donde el capital es cada vez más selectivo, el foco empieza a centrarse en lo esencial: antes de buscar inversión, el desafío es construir una propuesta que funcione en la práctica. Porque, como concluye Del Pino, “no se trata de tener más capital para empezar, sino de tener más contacto con la realidad”.



